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Palacios y casonas que desde la marina a la montaña nos contarían mil historias de
poder y privilegios, inmensos espacios pétreos que nos siguen vigilando desde su
secular inmovilidad.
Agua, aire, fuego y tierra. Los cuatro elementos eternos de la naturaleza obligados
a mezclarse en mazos y fraguas, en molinos y lareiras, en personajes de ayer y
vecinos de hoy.
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