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:: VILLANUEVA DE OSCOS
Es el más extenso de los tres Oscos, cuenta con 72,74 km² de extensión y alrededor de 420 habitantes.
En su accidentada orografía destacan el Pico de A Bobia, en la sierra del mismo nombre, que con
sus 1.202 metos alcanza la mayor altitud no sólo del municipio, sino también de la comarca. Y la sierra
del Ouroso, al noroeste del concejo, que le separa de
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Taramundi y divide las cuencas de los ríos Navía
y Eo. Ambas sierras constituyen los mejores miradores naturales de la comarca y los territorios vecinos.
La mayoría de su superficie es forestal, monte alto y sobre todo, matorral. Se conservan magníficos
enclaves de bosque original atlántico de roble, abedul y castaño.
En el municipio se han encontrado varios túmulos que datan del neolítico, así como emplazamientos
castreños. Por la sierra de A Bobia discurre una ruta arqueológica, que permite disfrutar tanto de los vestigios del pasado como
de un espectacular paisaje.
Pero será el período medieval el que dotará a Villanueva de Oscos de un desarrollo social y
administrativo peculiar, puesto que Fray Martín de Vega funda en el siglo XII el Monasterio
de Santa María de Villanueva, verdadero motor del desarrollo de la comarca a lo largo de los
siglos XII a XVIII.
Hasta que en 1.827 Villanueva de Oscos se independiza como Concejo creando su propio
Ayuntamiento, el Monasterio ejerce jurisdicción sobre el territorio organizándolo social, económica
y políticamente. En el siglo XVI se inicia en el trabajo del hierro, instalando una ferrería en el
propio edificio monacal y otras dos en las localidades de Santa Eufemia y San Mamed. Sin embargo,
la resistencia antiseñorial aumentaba y en el primer tercio del siglo XIX el monasterio perdió la
jurisdicción sobre el coto. Pocos años después, fue alcanzado por sucesivas desamortizaciones, lo
que provocó la exclaustración de los monjes y el paso del monasterio a manos privadas.
Hoy en día la economía de la zona se sustenta en la ganadería, centrada en la producción de
carne de calidad, aunque en los últimos años la llegada del turismo ha contribuido al inicio de la
diversificación económica. El concejo está haciendo un esfuerzo por recuperar patrimonio y poner en
valor sus magníficos recursos naturales y culturales. Ejemplo de esa tradición ganadera es el régimen
de pastoreo libre que aún pervive en la sierra de A Bobia, sobre todo de ganado caballar criado en libertad
desde época remota. Y las dos ferias ganaderas que se celebran en el puerto de la Garganta, puerta de
entrada y cruce de caminos que separa las tierras de la costa de los montañosos Oscos: Santa Ana y
San Miguel.
La capital está presidida por el grandioso conjunto monacal que está declarado monumento
histórico-artístico. El monasterio se articula en torno a un gran claustro central, alrededor del
que se dispone un edificio rectangular de tres plantas. Solo el ala norte de la cabecera de la
iglesia conserva restos del románico inicial, el resto lleva impreso el sello barroco de las reformas
realizadas durante los siglos XVII y XVIII. Barrocos son también los retablos de la Iglesia, hoy en
día restaurada y visitable.
De enorme interés resultan también las localidades de Santa Eufemia, con una capilla de los
siglos XVII y XVIII; Martul, con la casa de Guzmán y la iglesia parroquial del XVII; Pasarón,
Morlongo y San Cristóbal como muestras de la arquitectura tradicional y los parajes naturales de
La Bobia y Salgueiras.
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